Madre acompáñame a ser aprendiz de la vida. Siembra en mi la humildad de recordar que nada se. Despierta en mi la sabiduría del ser coherente a mi corazón y a mi ser más autentico. Muéstrame el camino de mi intención más pura. Acompáñame a desaprender, a reemplazar conocimientos por saberes que bailan en un infinito movimiento. Despierta en mi la apertura, la sorpresa, la capacidad de reconocer el saber de tan solo este presente. Madre permíteme ser una aprendiz infinita de la vida. Una aprendiz infinita de tu sabiduría y medicina.
Hace poco viví una experiencia que me recordó el valor de la humildad. Me recordó lo hermoso y valioso que es vivir como aprendiz de la vida.
Nacemos y nos educan para ser alguien. Nos plantean que la meta es ser experto en algo, “dominar” un conocimiento, demostrar nuestro saber por medio de títulos, cursos o incluso años de experiencia. Qué peligrosas son las verdades absolutas. Limitan la experiencia infinita de nuestro ser. Nos cortan las alas. Nos alejan de ver que todos somos uno, pero que cada uno está experimentando una realidad diferente, con saberes diferentes.
Cada vez más siento y creo que la tarea que venimos a hacer es aprender a ser seres humanos coherentes con nuestro espíritu. Con ese espíritu que es una fractal de esa consciencia amorosa del todo. Claro, es complejo. Aprender a vivir en un cuerpo material, con forma y con límites, una experiencia que viene del absoluto infinito en donde no hay forma ni materia.
Y aunque claro que aprendemos haciendo, ganamos conocimiento con la práctica y el tiempo, no creo que lleguemos a ser maestros de nada. O por lo menos yo no lo quiero ser. “Llegar” es una meta que seguramente traerá un apego. Es el susurro del ego “ya somos expertos en esto”. Pierdo mi capacidad de seguir aprendiendo, mi curiosidad, le cierro las puertas a nuevas aventuras.
Yo me quiero alinear a mi intención pura de corazón, a ser responsable con mi dar y con mi recibir. Quiero sembrar en mí la capacidad de la reflexión, la autoobservación y la humildad. Quiero sembrar con responsabilidad, no quiero tanto conocimiento, quiero recordar mi sabiduría. Esa sabiduría que viene del corazón abierto, no de la mente llena de fórmulas. Yo no quiero ser maestra ni experta de nada, yo quiero ser una infinita aprendiz. Quiero recordar que nada sé. Quiero integrar cada día más mi humildad, mi apertura a la vida y a todas sus enseñanzas. Yo no quiero llegar a ningún lado, yo quiero gozarme este infinito viaje.
Yo quiero recuperar el valor de la sorpresa. El vivir sorprendiéndome en cada segundo. Yo quiero recuperar el ser una niña que no sabe nada. Desaprender, olvidar todo lo que sé y así poder ser. Ser mi ser más auténtico, sin tantos “conocimientos” que me alejan de la verdadera sabiduría. La sabiduría de simplemente ser y estar alineada con mi corazón. Sin pretender y sin creer que soy mejor que los demás o que soy más especial que los demás.
No solo quiero vivir mi vida como una infinita aprendiz, también quiero ver a los otros con los ojos de una aprendiz. Porque sí, todos somos aprendices. Hemos llenado nuestra mente y nuestro cuerpo de demasiada información, demasiadas formas. Hemos trabajado para “ser alguien”. Y paradójicamente me he esforzado tanto tiempo por ser alguien y hoy solo quiero no ser nadie. No ponerme etiquetas, no ser maestra, no ser especial, no ser alguien que sabe mucho de algo. Yo simplemente quiero vivir este presente. No importa cuántos títulos tenga, cuántos cursos haga, cuántos años de experiencia tenga, lo único que quiero en este momento es que mi ser y mi hacer estén guiados por una intención pura de corazón, que siempre tenga la capacidad de desaprender y aprender una y mil veces, que tenga la capacidad de sorprenderme, de sentir, de reflexionar, de observar con los ojos del corazón, que no me llene de conocimientos, sino de sabiduría.
Honremos la sabiduría del otro, el caminar humilde del otro. No caigamos en la trampa del ego y no idolatremos a nadie. Recordemos que todos estamos en esta vida humana aprendiendo, recordando, creando. No hay verdades absolutas, no hay un solo camino.
Vuelvo a decirlo; Maestro es quien acompaña a que se despierte el maestro en ti.
PAOLA CAMPO NIETO
MAYO 2025