Renacer
2022
Siento que no soy buena escribiendo ni expresándome por medio de las palabras. Sin embargo, hoy este texto lo escribe mi alma y no mi mente. Mi alma no se expresa con coherencia ni se basa en procesos cognitivos, ella habla desde el sentir, desde la luz, desde la oscuridad y desde su forma muy única de ser ella misma.
Escribo esto como parte de mi proceso de sanación. Hoy abrazo con todas las fuerzas de mi ser, mi proceso de renacer.
El momento de inicio es difuso, aunque tengo claro la fecha en la que explote, hoy soy consiente de que este proceso de muerte y de vida se empezó a mover desde hace mucho más de lo que racionalmente pensaba.
Mirando hacia atrás, hoy puedo reconocer muchas muertes a lo largo de mi caminar. Muertes que me estaban preparando para poder hoy ser quien quiero ser. Necesitaba que todo el edificio de lujo se derrumbara para luego poder hacer mi casita de madera, con de plantas, hadas y rincones llenos de magia.
Todo llego tan rápido que al principio pensé que no lo había visto venir. Sin embargo, con los días fui recordando momentos, pensamientos, sensaciones, emociones y escritos que me hicieron ver que esta energía llevaba más tiempo de lo que yo pensaba en mi cuerpo, en mi corazón y en mi alma. Ahora soy consciente de que la evadí mucho tiempo porque sabia que era muy dolorosa y que me iba a romper.
Nunca me imaginé que fuera a llegar de una forma tan fuerte. Exploté de una forma muy intensa y realmente sentí que mi corazón y me alma se rompían. Todo fue tan violento y tan evidente que ya no me quedaba nada más que enfrentarlo. Ya no me podía seguir haciendo la ciega.
Empecemos desde el 22 diciembre del 2021. Ese día reconocí que algo estaba pasando en mi cuerpo físico y que mis emociones estaban desbordadas. Soy psicóloga y mi sistema de alerta se prendió al reconocer que mi sentir ya estaba siendo más doloroso y confuso de lo que antes había vivido.
Me gustaría decir que fue un proceso progresivo, pero no fue así. Aunque mi alma ya lo sabia, ya que desde principios de diciembre empecé a escribir en mi diario frases como “me siento cambiando de piel” y “siento que me estoy preparando para la guerra”, no fui consciente de que algo realmente importante estaba por pasar en mi vida. Todo estaba aparentemente bien, hasta que el 22 de diciembre simplemente entre en un ataque de llanto muy profundo y empecé a sentir un miedo intenso por todo en mi vida. Recuerdo que solo quería estar en una cueva y que todo pasara. Simplemente, quería y necesitaba desaparecer.
Nací en una familia amorosa, funcional y disfuncional a la vez. Diferentes situaciones a lo largo de estos 28 años me llevaron a asumir muchos roles que no me correspondían y a crear un patrón donde yo ponía en mi espalda el peso del mundo. En muchas ocasiones no se me permitió ser una niña, ya que tenía un trabajo completo de jugar a ser una adulta. Durante mi niñez morí muchas veces debido a enfermedades, adicciones, escases y muchos miedos por los que pase y por los que acompañé a pasar.
Alguien me dijo que yo había tenido muchas vidas en esta vida. Esta idea me encantó, pero también me recordó que haber tenido muchas vidas también implicaba haber tenido muchas muertes.
Crecí (como muchas personas) en un contexto en el que me dijeron cómo debía vivir. Donde escribieron un libreto de mi vida según cómo debería ser una vida exitosa. Aunque siempre me he caracterizado por ir un poco en contra del deber ser, yo desde mi libre albedrio decidí seguir este libreto. Tuve una vida hermosa donde me construí como una mujer que realmente me gustaba en su momento.
Llevaba 14 años con mi pareja, nos habíamos casado hace 3 años, tenía un apartamento muy bueno, dos perros, acabamos de comprar camioneta, tenía un trabajo que amaba y ganaba mucha plata. Básicamente, tenía carro, casa y beca.
¿Qué más podía pedir?
Ya tenía todo en mi vida. Hasta que llegó el 22 de diciembre y empecé a dudar de todo lo que tenía y de todo lo que hacía. Algo en mí me decía que yo había venido a este mundo a vivir de otra forma y que podía vivir en más amor y expansión. Tengo que confesar que este sentir y pensar me empezó a dar pánico. No entendía de dónde venía ni para dónde iba.
Para cambiar mi vida debía romper la columna central de todo, que era mi relación de 14 años. Me llené de culpa, de tristeza y de un miedo aterrador. No comprendía porqué estaba pasando eso si mi relación “estaba bien” y además si estaba (aún lo pienso así) con un hombre absolutamente hermoso que considero que es un ser de luz en este mundo.
Mis emociones y pensamientos empezaron a ser cada vez más y más intensos. Me fui de viaje pensando que distraerme e ir a la naturaleza me iba a ayudar. Pero todo fue a peor. La Paola psicóloga empezó a reconocer que los síntomas físicos que estaba teniendo ya se estaban saliendo de control. Cada día tenía más miedo, más presión en el pecho, sudaba. Empecé a tener ataques de pánico, pero lo peor fueron los episodios depresivos. Había horas en las que sentía que no estaba en mi cuerpo. Me sentía vacía. Recuerdo estar llorando mirando el lago y hablarle a mi alma rogándole que por favor volviera a mi cuerpo, necesita sentir que tenia fuerzas y que estaba presente.
Mi pareja y mi red de apoyo en ese momento solo me llenaban de amor y de cuidado, pero yo no sabía recibir nada. No estaba. No sentía. No era yo. Cada día sufría más y sentía que me estaba muriendo por tan solo pensar en tomar la decisión de dejar a mi pareja y cambiar toda mi vida. Intenté aferrarme a excusas “válidas” para cerrar ese capítulo. Pero realmente lo único que llegaba a mí era una idea de que tenía que intentar una vida diferente, que me tenía que conocer estando sola y que tenía que intentarlo por mí y por él. El dolor no solo venía de cerrar mi relación amorosa, también de darme cuenta que nunca había tomado una decisión solo pensando en mí, que no sabía caminar en soledad, que tenía miedo de enfrentarme al mundo sin una pareja, pues la mitad de mi vida caminé siempre junto a alguien.
Sentí que tenía que volver a empezar de cero, que toda mi vida se estaba rompiendo. Y realmente así fue. El 30 de diciembre entre en un episodio depresivo y ansioso muy fuerte y el dolor fue tan intenso que le pedí a mi expareja que me llevara a una clínica psiquiátrica en Manizales. Yo pedí la hospitalización voluntaria porque necesitaba que me apagaran. Necesitaba que me dieran una pastilla para dormir y necesitaba estar sola. Y así, el 31 de diciembre, cerrando uno de los años en los que fui más feliz y más abundante me desperté hospitalizada y medicada con antidepresivos y ansiolíticos.
Recuerdo mucho la mañana del 31 de diciembre, llorando en la camilla de la clínica me di cuenta que ya no había vuelta atrás. Ya me había violentado mucho y no me quedaba nada más que abrazar inmensamente a mi miedo y lanzarme al vacío. Y así lo hice. Viajé a Bogotá y me fui a la naturaleza a estar en la casa de unos amigos, quienes me sostuvieron desde el amor más incondicional que existe y también respetaron mi silencio para reencontrarme a mí misma.
Poco a poco mis pensamientos empezaron a estar más ordenados. Me entregué completamente al sentir y al escucharme. No quise controlar mis emociones o hacer que desaparecieran. Me empecé a dar cuenta que era mucho más fuerte y valiente de lo que mentalmente pensaba que era.
Me empecé a dar cuenta que todas las emociones coexisten. Yo estaba haciendo el acto de amor más grande que había hecho por mi y por alguien más y al mismo tiempo sentía como la tristeza partía mi cuerpo.
Y acá empecé una nueva etapa en mi proceso de renacer. Ya había muerto, ya estaba muerta. Solo me quedaba empezar a renacer, pero sabia que necesitaba renacer desde otro lugar, con otras bases y otras luces. Siento que fueron muchas muertes juntas y por lo tanto eran muchas vidas nuevas. Abrazar un duelo por mi pareja, por su familia, por mi familia, por nuestro círculo social, por mi casa, mis perros y el más doloroso por dejar morir muchas partes de mí misma y enfrentarme a una Paola que no conocía.
Un amigo me dijo que, ante tanta destrucción, me aferrara a lo que estaba más o menos estable, y así lo hice. Me aferre a mi familia, amigos y a mi trabajo, que amo. Así empecé a renacer y a rescribir mi historia. Me empecé a emocionar porque por primera vez en mi vida estaba escribiendo realmente mi historia sin tener que pensar en nadie más. Empecé a conocer una libertad que no había experimentado. Una libertad tan atractiva, excitante y peligrosa a la vez. Empecé a conocer a dos Paola que habitan en mí. Una que le gusta la velocidad, el éxtasis, los limites, el peligro, una que puede ser egoísta y un poco egocéntrica. Y otra Paola que va con más consciencia, sintiendo, escuchándose, una mujer introspectiva, un poco existencialista y mística.
Cosas que para mucha gente podían ser normales o fáciles, para mi podían llegar a ser agobiantes. Yo empecé mi relación a los 14 años por lo tanto no sabía cómo se hacían muchas cosas estando sola. Cosas como decidir sola que comer, salir de fiesta sola, elegir sola el mercado, dormir y despertarme sola. Todo era nuevo, emocionante, pero al mismo tiempo aterrador.
Las dinámicas en redes sociales me parecían muy difíciles de entender. Me daba miedo interactuar, pero al mismo tiempo me moría por hacerlo. Y así empecé. Muerta del susto, pero con la plena confianza en que iba a salir victoriosa, y así sigo caminando, enfrentándome a emociones, sensaciones y situaciones que nunca había vivido en 28 años. Sintiéndome como una niña de 12 años en muchas ocasiones.
Hoy reconozco que de todo aprendo y eso me emociona. A veces solo queremos aprender de la luz, pero tengo que decir que mis grandes lecciones de vida han venido de lugares muy oscuros. Hoy solo puedo abrazarlos, reconocer mi valentía, mi fuerza y el amor tan infinito que siento por la muerte, el dolor, la tristeza, las lágrimas y por mi misma. He reconocido mi capacidad de reescribir mi historia cuantas veces necesite. Hoy sé que luego de la noche más oscura siempre llega el amanecer, pero luego vuelve la noche y luego vuelve el amanecer.
Este renacer me ha invitado a experimentar el movimiento y la diversidad en mí. A reconocer que no me debo parar en una Paola o en la otra. Esto no es una lucha o un proceso para reprimir alguna parte de mí. Comprendo que lo soy todo y todas. Soy muchas cosas, y una cosa no me quita la otra. Soy fiesta, soy baile, son superficialidad, pero también soy silencio, soy meditación, soy sanadora y soy bruja. Una amiga me compartió una reflexión donde se comparaba con la montaña. Veía en ella todos los diferentes pisos térmicos y vegetaciones. Era bosque de niebla, páramo, súper páramo y también era glaciar. A pesar de ser y verse diferentes, el centro de todo es la misma montaña. Y así soy yo; soy luz y soy oscuridad, pero el centro de todo está el amor a la vida, el amor por mi vida.
Gracias a este renacer hoy me entrego a la vida reconociendo el movimiento, el cambio, la luz y la oscuridad. Estoy aprendiendo a recibir desde el amor y la humildad. Acepto cada aprendizaje porque sé que es el perfecto.
La muerte me mostró la vida y hoy me prometo que trabajaré con consciencia y amor para que mi alma escriba mis historias. Trabajaré para abrazar el miedo y no permitir que me paralice.
Estoy lista para morir y renacer todas las veces que sea necesario.
Paola Campo Nieto
Palabras claves: renacer, miedo, soltar, confiar, ansiedad, depresión, terapia, autoconocimiento, piloto automático